Moscú, 10 de agosto de 2010, 11 a.m. Después de nueve largas horas de viaje en el tren hacia la capital rusa, soportando altas temperaturas dentro del vagón, llegamos a Moscú, pero al salir del tren la situación no es nada alentadora, el termómetro sobrepasa los 40º ya que Rusia sufre la peor ola de calor de su historia, los muertos por golpes de calor promedian unos 700 diarios y además el país sufre una cantidad de incendios que han devastado más de 750 mil hectáreas de bosque.
El día anterior en San Petersburgo ya habíamos comprobado la cantidad de humo que había en la atmósfera, pero lo peor nos esperaba aquí. Las escenas de Moscú cubierta por el humo estaban en todas partes y dejándonos llevar por el frenesí mediático, compramos mascarillas por si acaso. Tal como lo habían predecido, Moscú estaba ardiendo pero la atmósfera estaba limpia y libre de humo. Ya sabemos como pueden ser de exagerados los medios en determinadas o debería decir, la gran mayoría de las ocasiones.
Llegar a Moscú es una sensación muy abrumadora, no en vano es una ciudad que ostenta varios récords: con más de diez millones de habitantes es la más poblada y una de las más peligrosas de Europa, la más cara del mundo por tercer año consecutivo y la ciudad con mayor cantidad de personas con fortunas superiores a los 1.000 millones de dólares. Además tiene tres puertos que conectan con el Océano Atlántico y Glacial Ártico, cuatro aeropuertos internacionales, nueve estaciones de tren y una extensa red de metro. Sede de los Juegos Olímpicos de 1980 y futura anfitriona de la Copa del Mundo 2018.
Mochila al hombro bajamos al andén acompañados de Peter, un buen hombre que conocimos en el tren, siberiano para más señas, que gentilmente respondió a nuestras súplicas a que nos ayudara a comprar los próximos billetes de tren. Ahora el lector se preguntará ¿por qué no compramos los billetes de forma anticipada? La respuesta es simple: no existe una página oficial en internet de los ferrocarriles rusos, al menos al momento de nuestro viaje, y las páginas que solía encontrar eran dirigidas a británicos o americanos a unos precios muy inflados. Viajando por libre y con bajo presupuesto fue un riesgo que decidimos tomar.
Malas noticias. Peter, nuestro nuevo mejor amigo, nos comunica (después de unas dos horas de taquilla en taquilla) que los billetes para Irkutsk, nuestra próxima parada, están agotados. Recordemos que es verano y que este servicio de tren no es solamente usado por turistas, es un método de transporte masivo en Rusia, y hay muchísima demanda. Además que Peter nos cuenta que muchas agencias compran billetes por anticipado y luego los revenden a precios de escándalo. La solución final nos la dio el mismo Peter: viajar en avión. Recomendación: si viajas en verano tener en cuenta que la planificación del viaje puede modificarse dramáticamente si no consigues los billetes que quieres, así que es mejor intentar comprarlos con anticipación. Si viajas en invierno tienes más posiblidades de adquirirlos en taquilla directamente. Pero luego volveremos a este tema, de momento sigamos con el asunto que nos hizo ir a Moscú y que más nos interesa: la continuación de la Plaza Roja.
El Kremlin
Accesible desde la Plaza Roja, el Kremlin es una fortificación amurallada donde se halla la residencia oficial del Presidente de la Federación Rusa. Las ciudades rusas antiguas no estaban amuralladas, únicamente era el Kremlin el sitio que se solía fortificar y actualmente es una palabra que se ha empezado a utilizar para referirse a todo lo que concierne a la política rusa. Entre los edificios destacables del Kremlin encontramos el Campanario de Iván el Grande, principal atalaya de Moscú en la antiguedad, el Gran Palacio del Kremlin, residencia oficial del presidente, y el Palacio Estatal del Kremlin, que alberga el Congreso de la Federación Rusa, además de varias iglesias, catedrales y el Arsenal del Kremlin, formando un conjunto arquitectónico sin parangón en el mundo.
Las murallas actuales se construyeron entre 1485-1495 y forman un triangulo irregular conteniendo unas 28 hectáreas. Varias torres de distintos tamaños componen la muralla y tienen usos distintos. Las torres rectangulares y más altas son puntos de entrada al Kremlin, dos de estas se encuentran en la Plaza Roja, la Torre del Salvador y la Torre de San Nicolás, ambas de 67 metros de altura. La entrada principal es a través de la Torre de la Trinidad (por los Jardines Alexandrovsky). Otras torres de planta circular servían como puntos de defensa y se construyeron pasos y galerías para poder comunicarse entre ellas. El resto de torres son más pequeñas y cerradas, también servían como puntos para disparar al enemigo. Una gran parte de la muralla transcurre a lo largo del río Moscova, formando lo que llaman el Malecón del Kremlin, un paseo muy recomendable.

Malecón del Kremlin, al fondo Campanario de Iván el Grande y Palacio del Kremlin, junto al Río Moscova
Museo Estatal de Historia
Ocupando uno de los lados transversales de la Plaza se encuentra este gran museo de enormes dimensiones que acoge millones de objetos relativos a la historia de Rusia, desde artículos prehistóricos hasta obras de arte de valor incalculable. Construido a finales del siglo XIX según el estilo neo-ruso, tenía la función de realzar el espíritu nacionalista y para promover la educación por la historia del país. Un edificio imponente de color rojo vino-tinto y tejados blancos que debe lucir aún más impresionante en un día nevado.
GUM (Glavny Universalny Magazín)
Traducido al castellano vendría siendo “Principales Tiendas Universales“, 242 metros de fachada de tiendas ocupando un lado longitudinal de la Plaza Roja, convirtiéndose en los almacenes más grandes de Rusia. Previo a los años de la Revolución, este edificio operaba como centro comercial hasta que fue nacionalizado y convertido a oficinas estatales, luego de la muerte de la esposa de Stalin, este lo convirtió en su mausoleo. Al morir Stalin a su vez en 1953, el Estado volvió a darle su uso original de almacenes y obtiene el nombre de GUM, que se ha mantenido hasta nuestros días. La historia reciente es más conocida, al disolverse la Unión Soviética, se volvió a privatizar y actualmente es un edificio que ha recuperado su antigua gloria y al mismo tiempo es escaparate de las tiendas más lujosas cuyos precios son inaccesibles para la gran mayoría de los moscovitas. Así no vayas a comprar nada este edificio merece una visita, sobretodo porque su magnífico interior no tiene nada que ver con los centros comerciales a los que que estamos acostumbrados. Página oficial (en inglés y ruso).
Tumba del soldado desconocido-Jardines Alexandrovsky
No se encuentra propiamente en la Plaza Roja pero si adyacente al muro oeste del Kremlin, este monumento está dedicado a todos aquellos soldados anónimos que murieron en la Segunda Guerra Mundial. Delante de la lápida conmemorativa, saliendo de una estrella de bronce de cinco puntas arde una llama eterna. Existe una guardia permanente que cambia cada hora. Es el punto de entrada para los Jardines Alexandrovsky, el primer parque público de Moscú, que fue construido sobre una antigua ribera que rodeaba al Kremlin en 1819.
Es muy agradable para pasear, sobretodo si es un cálido día de verano, pero hay que tener precaución a la hora de sentarse en el césped, hay ciertos hombres de uniforme que deambulan por el parque y que no dudarán en pedirte el pasaporte (este proceder irá en aumento mientras más apariencia de turista tengas) y querrán ponerte una multa sólo por sentarte en el césped, cuando al mismo tiempo estás rodeado de gente haciendo tranquilamente lo mismo. Esta técnica de la “policía” aparentemente es muy común en Rusia para sacarle dinero al turista y lo mejor que puedes hacer si estás en esa situación es no entregarle el pasaporte, simplemente enseñarlo e intentar negociar con el policía, porque únicamente estará intentando ganarse una propina y no tienen intención alguna de llevarte a una comisaría.
Si quieres saber como continuó el resto del trayecto por Rusia, Mongolia y China, no te pierdas estos enlaces:
- El Transiberiano. Primera parada: San Petersburgo
- El Transiberiano. Segunda Parada: Moscú (I)
- El Transiberiano. Tercera Parada: Irkutsk, la cara mas amable de Siberia
- El Transiberiano. Cuarta Parada: Mongolia y el Ger, un hábitat muy peculiar
- El Transiberiano. Parada final: Beijing y el Estadio Olímpico
¿Cómo llegar?
Al ser tan enorme tienes varias estaciones de Metro con las que te puedes aproximar. Tomando la línea 1 está la estación Okhotnyi Ryad que es el acceso más directo. Tener en cuenta que el metro de Moscú solamente está señalizado en ruso así que lo mejor es procurar obtener un mapa de metro que tenga tanto caracteres latinos y cirílicos, para poder contrastar los nombres en las estaciones, sino encontrar la adecuada puede ser una tarea difícil.






[...] El Transiberiano. Segunda Parada: Moscú (II) [...]
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