Después de la primera entrega de la Barcelona Olímpica, seguimos con la celebración de un cuarto de siglo desde que se le otorgaron a la ciudad los juegos Olímpicos, hablando de otra de las nuevas construcciones que se llevaron a cabo en el llamado “Anillo Olímpico” de Montjuïc. Hablamos de la Torre de Telecomunicaciones del arquitecto, escultor e ingeniero valenciano Santiago Calatrava, cuyo trabajo generalmente consiste en estructuras imposibles, muchas veces evocando esqueletos y formas de animales marinos, las cuales toman el protagonismo dentro de sus obras y le han dado un estilo muy reconocido a nivel mundial. Aunque muchas veces también ha sido cuestionado por la falta de practicidad y de poco aprovechamiento de los espacios internos de sus obras, dándole quizás mas importancia al aspecto escultórico de sus creaciones, característica que este caso de la Torre de Montjuïc podría haber contribuido a su éxito.

La Torre de Calatrava dentro del Anillo Olímpico

La inspiración para la Torre de Telecomunicaciones de Montjuïc viene a partir de la imagen de un atleta portando la llama olímpica, presentando un diseño que fue innovador y llamativo al mismo tiempo, con miras a convertirse en un nuevo símbolo para Barcelona, ya que además de una nueva Torre de Telecomunicaciones se buscaba implantar un elemento escultórico en el entorno del anillo olímpico. La parte inferior de la torre evoca al mismo tiempo a ese atleta arrodillándose al momento de recoger una medalla y estructuralmente esto se traduce en la inclinación de la base que se apoya sobre una especie de concha marina gigante, recubierta de azulejos esmaltados, en una especie de homenaje a Gaudí y a su técnica del trencadís.

Detalle del trencadís

Al igual que la mayoría de las instalaciones que se construyeron para los Juegos Olímpicos, fue hecha en tiempo récord, y para poder estar lista para el otoño de 1991, a la torre de 136 metros de altura se le aplicó un hormigón flexible posteriormente coloreado en blanco para poder acortar los tiempos de construcción. La Torre de Calatrava se reparte las telecomunicaciones de Barcelona con la Torre de Norman Foster, ubicada en el Tibidabo, también inaugurada entre las obras que modificaron el skyline de la ciudad condal.

Como todo hito arquitectónico, más que cumplir su propia función, esta torre representa un símbolo, pero uno que va más allá de su carácter escultórico, la idea de tener un elemento tan rompedor dentro del entorno de los juegos, era justamente para dar una imagen muy clara al mundo, que Barcelona se había convertido en una ciudad moderna en muy corto tiempo y que había demostrado ser un lugar con la capacidad para afrontar retos de la envergadura de unos Juegos Olímpicos y convertirse en una ciudad atractiva no sólo para generar inversiones, sobretodo para convertirse en una diana que en muy corto tiempo atraería a un jugoso y nutrido grupo de turistas, que cada año no hace más que crecer. Más fotos del Anillo Olímpico de Montjuïc en Flickr.

¿Cómo llegar?
Para llegar a Montjuïc hay diversas opciones dentro del sistema de transporte público de Barcelona. La primera es llegando a la Plaza España, accesible por metro a través de la línea 1 y 3, opción que nos permite recorrer la Avenida de la Reina María Cristina, atravesar la fuente mágica de Montjuïc y el Museo Nacional de Arte de Cataluña, hasta llegar al Anillo Olímpico que está precedido por el Estadio Lluis Companys. La segunda opción es a través de la línea 2 y 3 del metro, llegando hasta Paral·lel‎ y de allí optamos por el funicular con el cual subimos a Montjuïc en pocos minutos.