Si hay algo que define a la mayoría de las obras arquitectónicas que se han desarrollado en París en las últimas cuatro décadas es una apuesta por lo grande, por una actitud orientada a innovar y en definitiva a hacérselo saber al mundo entero. Por otro lado, este tipo de propuestas siempre van acompañadas de una gran carga de controversia, que no hacen más que dar a conocer aún más la obra en cuestión y a su arquitecto. Hablamos de la polémica Pirámide del Museo del Louvre en París.

Pirámide del Louvre

Durante los ochenta, el presidente francés François Miterrand llevó a cabo un ambicioso plan para darle una nueva cara a París, y uno de los puntos pendientes era la propuesta para la renovación y ampliación del acceso al Museo del Louvre. Este proyecto le fue adjudicado al chino/estadounidense Ieoh Ming Pei. Nacido en 1917 en China, cursó su carrera de arquitectura en el renombrado Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y ha sido uno de los arquitectos de mayor importancia del siglo XX con obras de gran envergadura a su nombre.

Entrada al Museo del Louvre

Aunque quizás su obra más célebre sea precisamente la Pirámide del Louvre, ésta no contó con una aprobación popular al principio, de hecho, tuvo una férrea oposición por los parisinos, pero igual como llegó a pasar con la Torre Eiffel en su momento, la Pirámide del Louvre es hoy en día una obra celebrada a nivel mundial 22 años después de su inauguración en 1989, justo para coincidir con el bicentenario de la Revolución Francesa.

La polémica principal que se gestó con esta propuesta, era indudablemente el contraste de estilos entre la arquitectura clásica del museo y la modernidad apabullante de una pirámide de acero y vidrio. Pero fue al mismo tiempo la audacia y elegancia del proyecto la que terminó de convencer, demostrando que una solución sobria y sencilla puede ser la más acertada y en calidad de revalorar un espacio, difícilmente superable en sí.

Contraste entre lo clásico y lo moderno

La nueva pirámide rompe el equilibrio natural del patio del Louvre, no sólo abriendo el paso a un nivel subterráneo que lleva a las Galerías principales del museo, también dotando de una cálida luz natural que inunda la entrada al museo, solucionando dos de los principales problemas del antiguo acceso, siendo ahora capaz de albergar el gran flujo diario de visitantes. La pirámide cuenta con una estructura de acero y vidrio de 20 metros de altura y una base cuadrada de 35 metros de lado.

Como dato curioso, tiene las mismas proporciones que la pirámide de Keops en Egipto, y no estuvo exenta de otro tipo de polémicas, éstas sustentadas por el hecho que un folleto oficial describía el número de paneles de vidrio en 666.

Esto generó un montón de teorías conspirativas, incluso aquellas que llegaban a afirmar que la pirámide era una ofrenda al demonio, y el escándalo continuó cuando esto fue publicado en varios periódicos. El hecho es que el número exacto de paneles de vidrio nadie sabe a ciencia cierta cuantos son, pero están entre 672 y 689, aunque a fin de cuentas, ¿a quién  le importa realmente?

¿Cómo llegar?

Basta decir que París cuenta con una extensa red de metro la cual abarca prácticamente toda la ciudad y que incluso tiene una estación con el nombre del museo, Palais Royale-Museé du Louvre de la Línea 1 y 7.