Uno de los principales pilares en la sociedad escandinava es el respeto por la naturaleza y al mismo tiempo garantizar su acceso para el disfrute de todos por igual. La ciudad de Oslo, la capital de Noruega, está ubicada en la cabeza de un fiordo que lleva el mismo nombre, y además de los numerosos ríos que la atraviesan, está también rodeada de bosques. No es de extrañar entonces que la inspiración para construir uno de los nuevos símbolos de Oslo haya sido un elemento natural muy presente en su ambiente: el iceberg.

 

El edificio para la Ópera de Oslo tenía muchas motivaciones, por un lado plasmar en un solo edificio la importancia que se le da al diseño y a la creatividad y por otro crear un símbolo y polo de atracción para una ciudad que suena lejana, fría y cara.

El objetivo del proyecto era lograr una conexión natural con la ciudad, pero a la vez con el fiordo y el mar. Ubicado en una antigua zona industrial en el puerto de Oslo, además de revitalizar la zona, se ha convertido en un elemento familiar y llamativo de la ciudad, y en vez de tomar una posición fría y distante, este concepto de iceberg emergiendo de las aguas, es completamente recorrible y se integra naturalmente en el recorrido urbano, de forma que su tejado se convierte en parte innegable de la ciudad y es posible caminarlo y hacer las mismas cosas que en una plaza o un parque. En cierto modo, es también una forma de acercar la Ópera a las masas.

Diseñado por la firma de arquitectura Noruega Snøhetta, quienes merecidamente fueron galardonados con el Premio de Arquitectura Contemporánea de la Unión Europea Mies van der Rohe con esta obra, han conseguido los objetivos planteados y han dotado a la ciudad de una especie de “alfombra” urbana, un espacio amable y lleno de posibilidades. Los materiales escogidos han sido otro acierto, cubierto en su exterior de mármol blanco italiano, el cual le otorga durabilidad y brillo incluso en días grises y oscuros, ni hablar de cuando brilla el sol.

La madera de roble en cambio, es el elemento que domina en su interior. Presente en paredes, techos y suelos, incluso se utilizó para construir los elementos acústicos del auditorio. Para completar la composición, el vidrio es el otro material predominante, que le otorga una transparencia absoluta y generosas entradas de luz, algo primordial sobretodo en los meses de invierno, cuando ésta es sumamente escasa.

En tu próxima visita a Oslo, no dejes de visitar esta gran obra arquitectónica, un gran ejemplo de cómo un diseño acertado puede influir positivamente en numerosos factores, tanto en la calidad de vida se sus habitantes, como elemento influyente de un destino turístico. Quien sabe, igual puedes culminar la visita asistiendo a una función de Ópera, si los precios lo permiten claro.